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Arrancando el hambre de raíz

FEMSA

Por José Zavala Almaguer

 

 

Año con año, el 16 de octubre, las Naciones Unidas conmemora el Día Mundial de la Alimentación; en este 2020, lo vivimos en un entorno atípico y muy complicado, producto de la crisis sanitaria que, se prevé, agudizará la situación de hambre en el mundo. Hoy, más que nunca, empresas, gobiernos, instituciones y comunidad en general, debemos unirnos para contribuir a tener sistemas alimentarios más sostenibles. José Zavala, Gerente de Sostenibilidad de los negocios de FEMSA Comercio, con su experiencia como miembro del comité de la plataforma Sin Desperdicio del Banco Interamericano de Desarrollo y sus aliados en Latinoamérica, del comité de Hambre Cero en Nuevo León, México y del consejo estratégico de BAMX (Bancos de Alimentos de México) nos comparte su visión al respecto.

 

 

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), a nivel mundial, casi 690 millones de personas padecen hambre, 10 millones más que en 2019. Para agudizar el problema, la pandemia de COVID-19 podría añadir entre 83 y 132 millones de personas a esta cifra.

 

Mucho se habla sobre el hambre como un problema que debemos erradicar, pero debemos recordar que el hambre es un efecto, por lo cual debemos empezar por cuestionarnos, ¿qué es lo que lo origina? Situaciones como la pobreza, el desempleo, el desperdicio y la pérdida de alimentos, son sólo algunas de las respuestas.

 

En América Latina, el 34% de los alimentos que se producen se pierden o son desperdiciados, el 17% se da en la etapa de distribución y mercadeo. Anualmente se desperdician o pierden, 127 millones de toneladas de alimentos, de los cuales 20 millones de toneladas se pierden en México, esto equivale aproximadamente a 152 kilogramos por persona.

 

Desde esta perspectiva, el sector empresarial tiene una serie de responsabilidades, que a su vez implican grandes retos. Sin duda, la filantropía puede resolver algunas problemáticas en el corto plazo, pero no es sostenible en el largo plazo. Por ello, el objetivo debe ser construir capacidades a futuro: económicas y de resiliencia en la comunidad; es necesario que sigamos empujando la actividad económica, productiva, y de generación de empleos, que procuren un mejor nivel de vida y de bienestar para las personas que hoy carecen de medios para su manutención, y que las lleva a padecer hambre y malnutrición.

 

Como empresas que buscamos la generación de valor económico, pero también valor social, es nuestro deber el acompañar a las comunidades en su camino hacia un desarrollo sostenible, fortalecer su capacidad autogestiva para que también sean partícipes de los cambios y juntos propiciemos condiciones que nos permitan salir adelante y afrontar los retos de nuestro entorno.

 

La única manera de poder atacar el efecto del hambre desde la raíz requiere de un esfuerzo colectivo, conciliación entre sectores, participación multidisciplinaria y un abordaje sistémico:

 

1. Cultura, educación y concientización alimentaria; de disciplina para balancear, aprovechar y no desperdiciar alimentos.

2. Mejora continua de las etapas del proceso de cadena de valor, desde su producción en el campo, hasta su distribución, mercadeo, consumo y el aprovechamiento del producto no comercializado.

3. Infraestructura, alianzas, trabajo en equipo, y sobre todo evolución y transformación de políticas públicas.

 

Hoy en día, las empresas y productores enfrentan retos por normas de salud, calidad e inocuidad, por lo que el aprovechamiento del producto no comercializado se vuelve complejo, sin duda es importante hacer la transición hacia mecanismos que faciliten e incentiven la reducción de pérdidas de alimentos y maximicen su aprovechamiento.

 

En los negocios de FEMSA Comercio tenemos la convicción de que nuestro actuar debe tener el enfoque sostenible. Por ello, trabajamos continuamente por nuestra gente, la comunidad y el planeta, considerando dentro de nuestras iniciativas acciones como la reducción de desperdicios y el aprovechamiento de productos no comercializados.

 

Hemos formado alianzas muy positivas, por ejemplo, tenemos más de 10 años trabajando con la Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX), con quien, canalizamos el producto que no logró ser comercializado y que es apto para consumo, complementando la alimentación de más de 2 millones de personas en situación de vulnerabilidad en México.

 

Participamos también en la iniciativa #SinDesperdicio en conjunto con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Fundación FEMSA y otros aliados comprometidos a trabajar por una América Latina sin pérdidas ni desperdicio de alimentos.

 

Por otro lado, continuamos con el Programa de Redondeo Clientes OXXO, que desde el 2002 nos permite actuar como intermediarios para hacer llegar el aporte económico de nuestros clientes a diferentes proyectos comunitarios, muchos de ellos relacionados con alimentos: Bancos BAMX, Bancos locales, Campañas y Proyectos Estatales de Alimentos (como Hambre Cero Nuevo León y Hermosillo cómo vamos), así como Organizaciones civiles para proveer de alimento a casas hogar y asilos.

 

Actualmente, debido a la emergencia sanitaria que estamos viviendo, este programa se ha convertido en un medio para apoyar a 125 Organizaciones Civiles que están atendiendo necesidades locales de salud y alimentación.

 

Es momento de ser más solidarios que nunca, y apoyar a las comunidades que más nos necesitan. Todos tenemos un rol clave dentro de la lucha por erradicar el hambre, ya sea desde una posición dentro de una empresa o institución, o simplemente, desde la cocina.

 

 

 

José Zavala, Gerente de Sostenibilidad de FEMSA Comercio