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El grupo de principios del Ideario Cuauhtémoc es parte fundamental de la Cultura FEMSA.

Don Eugenio Garza Sada no solamente nos dirigió durante una etapa muy importante de la empresa, sino que basó sus decisiones en una serie de principios y conceptos que desarrolló con los años y a los que llamó el Ideario Cuauhtémoc. Este ideario se ha vuelto cada día más vigente y en FEMSA lo tomamos como una guía indispensable en nuestro desarrollo profesional y personal.

Por la parte que hayan tomado en el éxito de la Empresa y señalarlo de manera espontánea, pronta y pública. Usurpar ese crédito, atribuirse a sí mismo méritos que corresponden a quienes trabajan a las órdenes propias, sería un acto innoble, segaría una fuente de afecto e incapacitaría para comportarse como corresponde a un ejecutivo.
Debe tenerse capacidad para dirimir pacífica y razonablemente cualquier problema o situación, por irritantes que sean las provocaciones que haya que tolerar. Quien sea incapaz de dominar sus propios impulsos y expresiones, no puede actuar como director de una empresa. El verdadero ejecutivo abdica el derecho a la ira.
De nadie ni de nada. Evitar las bromas hirientes o de doble sentido. Tener en cuenta que la herida que asesta un sarcasmo, nunca cicatriza.
No protocolario, pero sí atento a que los demás encuentren gratos los momentos de la propia compañía.
De las diversidades que puedan encontrarse en la raza, color, modales, educación o idiosincrasia de los demás.
Quien no puede guardar sus citas, muy pronto se constituirá en un estorbo.
Como el secreto más íntimo. Un ejecutivo no puede exhibir arrogancia ni autocomplacencia. Cuántas veces los fracasos de hombres bien conocidos confirman el adagio de “el orgullo antecede a la caída”. Cuando uno empiece a decir que otros empleados son torpes, o que los clientes son mezquinos o necios, habrá empezado a meterse en embrollos.
Lo que uno afirme, debe hacerlo reflexionando; y lo que prometa, debe cumplirlo. Las verdades a medias pueden ocultar errores, pero por poco tiempo. La mentira opera como un bumerang.
Especialmente los colaboradores, hasta que lleguen al verdadero fondo del problema, aunque tenga que escuchárseles con paciencia durante una hora. Haría uno un pobre papel como director, si dominara una conversación en vez de limitarse a encauzarla.
Con claridad y completamente, sobre todo al dar instrucciones, Nunca estorba un buen diccionario a mano.
Eliminar las interjecciones. Las voces vulgares y los giros familiares debilitan la expresión y crean malentendidos. Para demoler verbalmente a sus enemigos, los grandes parlamentarios nunca emplearon una sola expresión vulgar.
Es muy legítimo tener pasatiempos predilectos e intereses en otras cosas, pero si se estima como un sacrificio venir al trabajo, entonces lo que se necesita es un descanso y otra compañía en donde laborar.
Cuya productividad hace posible la posición directiva y afirma el futuro de ambos.
Es buena táctica. La fidelidad a la empresa promueve el propio beneficio.
Beneficia al individuo, a la empresa y a la sociedad entera. En esto se asemeja a un sacerdocio.
Si no se comprende que nada tienen que ver con el valor de la persona -el tamaño del automóvil o de la casa, o el número de amigos y de los clubes a que se pertenece, o los lujos y el rótulo de la puerta del despacho- y si estas cosas significan para uno más que la tarea bien y calladamente cumplida y los conocimientos y el refinamiento espiritual para adquirirlos, entonces se precisa un cambio de actitud o de trabajo.
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